Bienvenido Guille

Mentiría si te dijese que he disfrutado de tu embarazo, tampoco del de tu hermana. Es un estado que no me gusta. Si no fuese porque hay una vida generándose dentro, lo compararía con una enfermedad: nauseas, falta de energía, insomnio, calambres en los gemelos…

Tu embarazo ha sido más caótico que el de Alejandra por varias razones: para empezar, al tener a tu hermana en casa he estado mucho más liada. Entre el trabajo y la rutina diaria no he tenido apenas momentos de relax. Me diagnosticaron diabetes gestacional y  he tenido que hacer una dieta muy estricta y controlarme los niveles de azúcar varías veces al día. No he comido nada de azúcar hasta que naciste, a pesar de estar cada día soñando con galletas de chocolate. Creo que es el mayor gesto de amor que he hecho nunca. Además, se adueñó de mi por las noches el síndrome de piernas inquietas, que es un auténtico tormento. Es como un hormigueo que aparece cuando estás en reposo y que te dificulta el dormir. Horroroso. Por si todo esto no fuese suficiente, este verano ha hecho muchísimo calor. Recuerdo ir por la calle con tu hermana en el carrito y tener la sensación de que mis pasos estaban ralentizados. Entre el barrigón, el cansancio, el calor y la falta de energía, más de una vez he tenido la sensación de que no tenía fuerzas para llegar a mi destino…Creo que en tu embarazo he llorado más que en toda mi vida junta. Me cogí la baja en el trabajo bastante antes que con Alejandra.

Tres semanas antes de salir de cuentas tuve visita en el ginecólogo y me dijo que el cuello del útero estaba borrado y que tenía pinta de que el parto se me iba a adelantar. ¡No sabes lo contenta que me puse! En mi caso el deseo de conocerte y ver tu carita era proporcional a las ganas de que liberases mi cuerpo. Guille no te lo tomes a mal, pero te prefiero fuera que dentro.

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Esa misma madrugada empecé con contracciones.  Desperté a tu padre para contárselo. No eran regulares ni muy dolorosas, así que no estaba segura de sí estaba de parto o no. Pero me daba miedo esperar demasiado y que luego no me diese tiempo de llegar al hospital. Así que dejé a tu padre con Alejandra (para no tener que despertar a tu abuela a esas horas para que viniese a casa para cuidar a tu hermana) y me fui yo sola a urgencias. En el hospital les dio miedo mandarme a casa por si cuando volviese ya estaba demasiado dilatada, así que decidieron ingresarme a ver si las contracciones se iban regularizando solas.

Ese día descubrí que no solo los embarazos son diferentes, sino que los partos también. Tuve una experiencia opuesta a la primera. Mi primer parto fue rapidísimo y hasta que me pusieron la epidural el dolor fue horrible. En cambio el tuyo fue más lento, pero menos doloroso. Aguanté sin epidural prácticamente hasta el final y bajé al quirófano charlando tranquilamente con el celador y los anestesistas.

Dicen que el segundo hijo sale solo, pero no fue mi caso contigo. Sacarte no fue fácil, sobre todo por tu cabezón. Fue parto natural y de nuevo sin puntos, pero mi ginecólogo me reconoció que, si hubiese pasado una semana más, no te hubiésemos podido sacar así. 

Luego fue todo muy rápido y frío.  Solo me dio tiempo a darte un beso antes de que las enfermeras te llevasen. Te escuché llorar mientras terminaban de sacarme la placenta y finalmente llegaste, más limpio y vestido de lo que deberías. Te cogí en mis brazos y te amé infinitamente. “Guille, soy mamá”

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Alejandra vino a conocerte al hospital y para nuestra decepción, pasó completamente de ti. Sin embargo, ahora no para de llamarte por tu nombre, se pone de puntillas para verte cuando estás tumbado en el capazo y cuando te tengo en brazos se acerca siempre a darte besos y a acariciarte, aunque a veces con demasiado fervor. Últimamente le ha dado por intentar meterte el dedo en el ojo y quitarte el chupete, pero no te preocupes que yo te defiendo hasta que puedas hacerlo por ti mismo. Siento un amor que se mezcla entre vosotros, como si fueseis una única unidad.

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Me recuerdas a tu hermana, aunque muchiiiiisimo más tranquilo (menos mal). Solo lloras después del baño.IMG_0594 Eres bastante friolero, te gusta estar muy abrigadito. Por las noches tienes el sueño ligero y te despiertas varias veces buscando mi compañía. Solo con cogerte en brazos te tranquilizas y vuelves a cerrar los ojos. Entonces yo, con la máxima cautela te apoyo en el carrito rezando para que no te despiertes, pero tú ya los tienes como platos. Y vuelta a empezar. Comes leche materna. Haces todo tipo de ruiditos y gruñidos. Me recuerdas a un leoncito bebé y creo que tendríamos que haberte llamado Leo, como yo quería (no conseguí convencer a tu padre y terminé cediendo yo). Tienes unos mofletes a los que no puedo dejar de dar besitos y te están empezando a salir lorcitas. Cuando sonríes literalmente me derrito. Te miro y me pareces perfecto.

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Sabía que quería otro hijo, que no me habría quedado con uno solo, aunque quizás no tan seguidos. Pero ahora que te tengo aquí, a pesar del cansancio, del sueño espantoso y las ojeras, me doy cuenta de que puedo aguantar todavía infinitas noches sin dormir (aunque cuanto antes se solucione esto, mejor), cambiar pañales hasta que me duelan las manos, superar los dolores de espalda por cogerte tanto, ponerme en cualquier posición para amamantarte en cualquier sitio y que me puedo pasar las horas mirándote.

Es como revivir un recuerdo, sin volver atrás, sino hacía delante.

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A mi abuela

87 años. Manos finas y huesudas, rostro arrugado, cabello blanco, cuerpo inexpresivo y la última década de tu vida atrapada en la demencia.

Tres veces te embarazaste y dos hijos tuviste. El tercero falleció al nacer. Cuando en este embarazo me diagnosticaron diabetes gestacional pensé en ti, en que quizás esa fue la razón que nunca te explicaron…Además de criar a tus niños, diste cobijo a todos los animalitos que asomaban por tu puerta. Cantaste canciones, escribiste obras de teatro y cocinaste para muchas personas (y muy rico). Fuiste a misa. Cuidaste con mimo tu jardín. Recordaste cada Santo y fecha especial. Pintaste esmaltes. Viajaste por el mundo. Compraste regalos y colmaste todos mis caprichos.

Ojos azules y alegres. Pelo rubio. Menudita. Elegante. Pies tamaño de muñequita. Para mi eras la abuela más guapa que se podía tener.

Hay cosas que siempre me recordarán a ti: el sorbete de limón, el helado de leche merengada, las mesas puestas con detalle, el caldo de Navidad y las figuritas de porcelana y cuadros que tengo por casa con tus dedicatorias. Siempre olías muy bien y cuando me pongo algo tuyo de ropa, inexplicablemente me sigue oliendo a ti, aunque lo haya lavado en la lavadora.

Me hiciste sentir especial y querida hasta el extremo. Gracias por tu amor incondicional.

Hoy, por fin, te has liberado y aunque hace tiempo que ya no estabas aquí, me invade la pena y la nostalgia.

Espero que ahora descanses y vueles libre hacia un lugar mejor donde encuentres cobijo en el abuelo y en tantas otras personas que también te han amado. Nunca te irás de mi memoria abuela

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Feliz primer cumpleaños Alejandra

Hoy hace un año que llegaste, y aunque fue doloroso (mucho), afortunadamente saliste rápido y sin romper nada a tu paso.

Y así empezó este camino agridulce, de muchísimos cambios, estresante, feliz, agotador y lleno de amor, que ha sido para mí la maternidad. Me he sentido vulnerable y fuerte, he descubierto miedos nuevos, responsabilidad, pérdida de paciencia, paz, falta de libertad y cansancio infinito.

Pero mentiría si dijese que este no ha sido el año más especial de mi vida, viéndote crecer.

Hoy cumples un año de vida que nunca recordarás, pero yo lo haré por ti.

Y he decidido escribirte estas frases para cuando sepas leer:

Eres una bebé fuerte, sana, feliz, risueña, tremendamente inquieta, guapa, muy guapa (preciosa, como diría tu abuela) y curiosa. Tus ojos son especiales no solo por el color, sino también por lo expresivos que son. Inteligente y observadora, miras atentamente a todo el mundo para luego copiar lo que ves.

Siempre has manejado muy bien tus manitas y llevas los objetos más extraños en ellas, como los protectores de las esquinas de la mesa, que hemos puesto para evitar que te hagas daño y tú te dedicas a arrancar, una bolsita de té que se dejó el abuelo Steve en casa o una de las 37 gomas de pelo que has robado a tu tía Cristi. Es muy entretenido verte gatear como una loca por toda la casa con las manos llenas de cosas raras. Hagas lo que hagas, intentas que no se te caiga ninguna, haciendo unos malabarismos muy graciosos.

Sonríes a todo el mundo y en cualquier sitio al que vamos te dicen piropos: pero qué guapa, qué simpática, vaya ojos, qué carita…Eres impaciente y un trastito. Tu juego preferido es esconderte detrás de la cortina. Cuando levantas la cortina nos tenemos que sorprender de verte. Puedes repetir eso 537363738 millones de veces seguidas mientras te ríes a carcajadas.

Independientemente de la música que suene, haces siempre el mismo baile, que a mí me recuerda a como bailaría un gusanito y se me cae la baba. Está claro que te encanta bailar. Sospecho que eso igual lo has sacado de mí. Tus canciones preferidas son “The happy song” y “Baby shark” y te gusta que yo te cante. Como no estoy acostumbrada a eso, porque normalmente recibo críticas hacia mis dotes artísticas, contigo me vengo arriba y te hago conciertos intentando poner mi mejor entonación y mi voz más dulce, mientras tú me miras tranquila. Normalmente el concierto acaba cuando de repente te pones a gritar inquieta vete a saber por qué…

Disfrutas mucho bañándote en la piscina y eres muy independiente. Recuerdo un día (tendrías 7 meses) que fuimos a comer con mis amigas del cole y mientras nosotras marujeábamos, te di tu biberón que te tomaste solita en la silla y ellas alucinaban.

Eres regordeta y glotona. Verte disfrutar con la comida ha sido siempre un placer. Menos cuando te quiero quitar el hueso de pollo de las manos después de que lleves chupeteándolo una hora y te pones a gritar indignada. Tienes mucho carácter. La verdad que me queda bastante claro cuando tienes hambre y cuando no. Si tienes hambre y te doy comida, la tomas tu solita fenomenal con tus manitas y si no tienes hambre, la tiras bruscamente a tomar por saco.

Cuando te quedas dormida en mis brazos eres la cosita más tierna del mundo y me derrito.

Como ves, ya sé bastante de ti, pero cada día descubro cosas nuevas de tu personalidad y estoy atenta a no perderme nada.

Me siento agradecida a la vida por haber podido experimentar la maternidad, por tu salud, por haber descubierto la lactancia materna, por haberme permitido ser testigo de lo bien que lo hace tu padre como papá, por ser tu mamá.

Feliz primer cumpleaños, mi bolichito precioso.

Te deseo que nunca pierdas esa sonrisa que ya te caracteriza y que, a pesar de lo momentos difíciles, seas inmensamente feliz. Te quiero mi vida, para siempre.

Tu mamá

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Sobre la lactancia materna

A una mujer embarazada se le plantea un dilema cuando nace su bebé: darle el pecho o el biberón. Yo prefería amamantar, sobre todo por los beneficios que tiene para el bebé. Pero me preocupaba que Alejandra me hiciese heridas en el pecho (tengo amigas que han llorado de dolor mientras sus bebes comían), que no supiese hacerlo bien, que no funcionase… Como las clases de preparación al parto en mi caso no me sirvieron de mucho, complementé mis escasos conocimientos en esta materia viendo videos en YouTube y leyendo el libro “Un regalo para toda la vida” del pediatra Carlos González.

Llegó el 6 de julio y Alejandra vino a este mundo con mucha hambre. La colocaron en mis brazos, todavía unidas por el cordón umbilical y empezó a buscar mi pecho para mamar con una pericia impresionante. Es lo más cerca que he estado de un instinto de supervivencia tan puro. No puedo comparar ese momento con nada vivido hasta ahora.

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Cuando nos subieron a la habitación, un ejército de personas conocidas, desconocidas, enfermeras, vecinas de habitaciones contiguas…esperaban ansiosas a darme consejos que, aunque bien intencionados, muchas veces eran contradictorios. Y es que ante una madre primeriza uno se siente en el deber de dar su opinión (seguro que yo también termino haciéndolo jeje) y a veces no ayuda, sino que confunde: “Cámbiala de pecho ya”; “No, no la cambies hasta que termine del todo”; “¿Para qué te la pones tanto al pecho si aún no te ha subido la leche?”; “Si el bebé te pide tan a menudo es que tu leche no le sacia”; “Dale siempre que quiera”; “Si le das siempre que quiera la vas a mal acostumbrar”; “Probablemente tengas que darle un biberón de refuerzo”; “Se ha quedado dormida, te está usando de chupete”; “Te pide tanto porque no le das el chupete”… En fin, para volverte loca. El culmen fue cuando una de estas personas me agarró el pecho (sí, me agarró mi teta, tal cual), mientras aprisionaba la cabeza de la pobre Alejandra contra ella para “facilitar” así el proceso. Socorro. Sálvese quien pueda.  

Afortunadamente Alejandra nunca me ha hecho ninguna grieta. Desde el primer momento se enganchó fenomenal. Cuatro meses y medio después seguimos con lactancia materna exclusiva y a demanda. Alejandra mama cuando, donde y cuanto quiere. Una y otra vez. Sin parar.

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Cuando más disfruto es cuando me quedo mirándola, cogiéndole la manita. Me encanta oír su respiración, sentir su piel suave, cómo va tragando, cómo se agarra a mis dedos y cómo mueve sus piececitos. Me imagino que a través de mi leche le paso amor y sentimientos bonitos. Y cuando se me queda dormida me derrito. La sensación que te proporciona el alimentar a otro ser con tu propio cuerpo es algo mágico que no se puede explicar con palabras.

Pero no todo ha sido un camino de rosas.

A partir de las dos semanas de nacer Alejandra, empezó a haber veces que cuando la ponía al pecho se retorcía, lloraba y gritaba. Al principio algunas personas me decían que sería porque se quedaba con hambre. Eso me creó cierta inseguridad (aunque Alejandra estaba rolliza). Una tarde en la que Alejandra no paraba de llorar, desesperada le preparé un biberón con leche artificial y probé a sacarme leche con el sacaleches. El resultado fue que Alejandra rechazó el biberón con cara de dolor y yo sí que tenía leche. Diagnóstico final: lo que le pasaba es que tenía gases. Menos mal que esa etapa ya la hemos pasado.

También hemos sufrido todas y cada una de las crisis de lactancia que existen (básicamente el bebé tiene un brote de crecimiento y necesita comer más). Así que he tenido semanas enteras a Alejandra enganchada al pecho en sesión continua, con sus noches largas y días eternos. Con sus tomas que se alargan hasta el infinito juntándose con la siguiente…

Encima todavía no me siento yo misma. Sigo hinchada, lejos de recuperar mi silueta y tengo muchísima hambre.

A veces echo de menos la libertad que tenía en mi vida anterior y las cosas que hacía (deporte, salir a cenar, tomarme una copa o dos, ir al cine, escribir o leer sin que me interrumpiesen cada 5 minutos…dormir) sin tener un pequeño ser dependiente de mí. Pero a la vez lo siento como una dependencia muy especial…

Para mí la lactancia materna es un milagro, pero se necesita paciencia, insistir, colaboración de la pareja y calma, mucha calma. El apoyo de Will en toda esta etapa ha sido clave. Hay que rodearse de gente que nos ayude, que sume, que solucione.

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En estos meses he aprendido dos cosas; La primera: no escuchar a nadie antes que a mi instinto y en caso de duda hacer caso a las recomendaciones del pediatra. Si no te puedes volver loca. La segunda: que soy fan del sacaleches. Yo de momento solo lo he usado de forma puntual para poder descansar alguna noche más horas, trasladando a Will la tarea de alimentar a la que también es su hija. Compartir es vivir (y dormir). En unas semanas haré también uso de este artilugio para poder escaparme a la cena de navidad con mis amigas. ¡Olé!

Por otro lado, creo firmemente que la maternidad es subjetiva y personal, que cada mujer tiene el derecho de vivirla a su manera sin sentirse juzgada por los demás. Si una amiga me preguntase, siempre le recomendaría al menos intentar la lactancia materna, no solo por los beneficios que tiene tanto para la madre como para el bebé, sino porque me parece algo mágico que vamos a tener ocasión de probar muy pocas veces en la vida. Dicho esto, respeto muchísimo a las madres que teniendo toda la información optan por otro camino. En mi opinión, no hay más que hablar. Los hijos lo que necesitan sobre todo es amor.

Ahora me preocupo de cómo será el momento del destete. Creo que cuando llegue ese día me va a dar muchísima pena. Espero poder hacerlo poco a poco de forma natural sin que sea un trauma para ninguna de las dos. Todavía me quedan dos meses para incorporarme al trabajo, pero no puedo evitar empezar a pensar en ello. La OMS recomienda lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. A partir de este momento se debe empezar con alimentación complementaria, pero manteniendo la lactancia materna hasta los dos años o más. Los cuatro meses de baja maternal que hay en España se quedan cortos, porque se supone que el bebé no toma papillas hasta los seis meses. Creo que la sociedad en la que vivimos es demasiado estresante y está muy alejada de nuestras necesidades biológicas, siendo los niños y sus madres la última prioridad. Nos toca luchar para que nos dejen cuidar de nuestros bebés por un tiempo superior a estos cuatro meses de baja miserables (en Suecia el permiso de maternidad es de 22 meses) y quizás así dejemos de ser uno de los países con el índice de natalidad más bajo del mundo.

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Por si queréis seguir leyendo sobre esto, os dejo aquí el enlace a un post de una madre española que vive en Dinamarca (el país más feliz del mundo) donde cuenta cómo es la baja de maternidad allí.

“No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre” (Jill Churchill)

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Bienvenida Alejandra

Me fui a dormir a las 3 am, como de costumbre me había quedado leyendo hasta tarde.
Llevaba desde el martes (esa noche ya era viernes) con contracciones de madrugada y días perdiendo el tapón mucoso, lo que me hacía pensar que mi cuerpo se estaba preparando. “Ven cuando quieras pequeña, tenemos todo preparado para tu llegada, pero no tengas prisa, el martes es el concierto de Shakira y a partir del jueves tu padre tendrá una semana más de baja paternal” “Me muero de ganas de ver tu carita preciosa, eres bienvenida en cualquier momento, pero a partir del jueves ya sería perfecto”.

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Alejandra y yo en el concierto de Shakira

Así que cuando me acosté esa madrugada del 6 de julio, después haber tenido un día bastante activo conduciendo, yendo a la piscina, al médico de atención primaria, a clase de pilates y a dar vueltas por el parque de canal como una loca, ante la estupefacción de familiares y amigos y alguna regañina por no parar quieta, esperé con los ojos abiertos de par en par a que empezaran las contracciones, con la esperanza de que no terminasen despareciendo, como las otras noches. A los 10 minutos de meterme en la cama llegó la primera, lo que me llenó de ilusión. “¡Bien, aquí estáis, os estaba esperando!” No podía dormir, así que me fui al salón y me puse a leer otra vez y empecé a cronometrar las contracciones. Eran suaves y periódicas, cada cinco minutos. Comí frutos secos (me dio por ahí), mientras las contracciones iban cogiendo fuerza y ganando cercanía entre una y otra y me emocioné mucho. Me duché y lavé el pelo para estar moni para la ocasión. Vi que en la cocina había cacharros sin fregar. Como me sentía activa y quería aprovechar el tiempo, me puse a limpiar. Después de la cocina, seguí ordenando toda la casa. Mejor hacer cosas en casa que estar en el hospital aburrida, pensé. A las 3 horas, después de dejar todo impoluto, desperté a Will: “¡Tito, que vamos a conocer a Alejandra!” En el taxi, de camino al hospital, noté como un vaso de agua se derramada entre mis piernas. “¡¡¿En serio que he tenido que romper la bolsa en el taxi!!?” Las contracciones ya me dolían tanto que no podía respirar. Eran las 7 de la mañana. “Quizás con tanto ataque de limpieza he esperado demasiado en casa…” Aunque yo estaba empapada, gracias a Dios en el asiento del taxi solo había un pequeño cerco de agua. Salí directa a la puerta de urgencias y no le dije nada al conductor…”Espero que Will le de propina, que yo no estoy ahora para conversaciones”
Me ingresaron. El cuello del útero estaba totalmente borrado, la bolsa rota y yo dilatada de 2 cm. Las dos horas que tardaron en ponerme la epidural, fueron, literalmente, el infierno. Yo me había visualizado a mí misma haciendo respiraciones de pilates durante las contracciones y llevando aire a la zona del dolor y así lo hice, hasta que llegó un punto, justo cuando estábamos llegando al hospital, donde la situación se me volvió inmanejable, me olvidé de respirar y me pasé las siguientes dos horas gritando, literalmente, por todo el hospital. Nunca me hubiese imaginado así, pero no se sabe cómo van a reaccionar tu cuerpo y mente ante tanto dolor. Entre grito y grito pensaba en todas las mujeres que han traído hijos a este mundo sin anestesia, entre ellas mi madre y solo podía sentir admiración. “No puedo más” “No pienso volver a tener hijos”. Repetía esto constantemente y sinceramente lo pensaba. Serían las 9 am cuando me pusieron la epidural. Estaba dilatada ya de 6 cm. Entre medias nadie me exploró (puse una queja en el hospital, es verdad que para ser primeriza fue todo muy rápido, pero ¿dónde queda el trato individualizado para cada paciente?) Con la epidural, aunque seguí con dolor, era otro nivel, sentía las piernas y las contracciones, pero era manejable. Bendito el que la inventó, que, por cierto, fue un médico español. Iré pronto a llevarle flores a su tumba.
Mi ginecólogo atendió el parto. Fue muy profesional. El me guío y yo confié ciegamente en él.

Cuando sientas ganas de empujar, ¡empuja!
Fueron menos de 10 empujones, sin necesidad de ponerme oxicitocina para acelerar el parto y sin darme puntos. Alejandra nació a las 11:15 de la mañana, solo 4 horas después de llegar al hospital y nada más verla la amé con locura.

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“Hola mi amor, bienvenida”
Gracias al Universo por lo bien que salió todo, por mi niña sana.

 

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Mi tercer trimestre de embarazo

Ya estoy en la semana 39 de embarazo. La baby pesa 3kg y puede nacer en cualquier momento. Se me mezclan las ganas de verle la carita con la incertidumbre de cómo discurrirán el parto y los primeros días tras el nacimiento. Son como unos nervios alegres.Processed with VSCO with a6 preset

 Este tercer trimestre ha sido el trimestre de las compras, de ir preparando todo para la llegada de Alejandra. Lo primero que compramos fue el carrito por ser de lo más importante, ya que es una de las cosas que más vas a utilizar y de las que más inversión requieren. La primera vez que fuimos a una tienda de bebés, salí con ganas de llorar. Me pareció todo muy complicado, hay mil marcas, estilos diferentes, colores… hay que esforzarse en tomar una decisión meditada, pero la verdad es que yo no tenía ni tiempo ni energía para ir de tienda en tienda haciendo comparativas. Así que mi razonamiento fue: si el 90% de la gente que conozco, que tiene un estilo de vida similar al mío, se decidieron por el Bugaboo Cameleon, eso significa que es una compra con la que no vamos a fallar. Así que con este pensamiento me tranquilicé. Fuimos a la tienda directos a comprarlo, pero…¡Terminamos adquiriendo otro! El Uppababy Cruz. uppababy-cruz-carrycot-pebble-lindsey-750x750Le vimos algunas ventajas vs el Bugaboo: es algo más pequeño, tanto el capazo como la silla son más fáciles de plegar, es más barato y además nos regalaban la maxicosi…También es ligero, lo puedes manejar con una mano y tiene una cesta gigante. Todo esto junto con el entusiasmo del vendedor hizo que saliéramos súper convencidos de nuestra decisión. Espero haber acertado, ya os contaré! Después han venido otras mil y una compras más como la cuna, que casi nos ha dado más dolores de cabeza que el carrito (al final nos han dejado un moisés para los primeros meses y luego supongo que compraremos una cuna de las de IKEA), preparar la habitación (me encanta como ha quedado), hacer las maletas para el hospital con sus cositas y las mías…(que sí mamá, que ya las tengo hechas)…ds

 

Y reconozco que como todo el mundo nos regala cosas para Alejandra, que me hacen muchísima ilusión (¡muchas gracias a todos!), pero nada para mí…pues yo me he auto regalado algún que otro capricho para afrontar con alegría los duros días del postparto (como una bata para el hospital que me encanta y vestidos monis que estoy deseando estrenar que permiten la lactancia). Alejandra, mi tarjeta de crédito te agradecerá que nazcas cuanto antes…que está temblando ya (me llamaron del banco para comprobar si me habían robado la tarjeta o si me había vuelto loca. Verídico)

 En este tercer trimestre he dormido bastante mal. Por un lado me levanto por noche 3 ó 4…ó 5 veces para hacer pis. Luego me cuesta volver a encontrar la postura y me desvelo. Los movimientos de la baby y los calambres ocasionales tampoco facilitan el descanso. Además, estuvo atravesada de lado a lado varías semanas lo que no era muy cómodo para dormir. Levantarte cansada y tener que trabajar a un ritmo normal, con estrés, viajes…hizo que las últimas semanas de trabajo se volvieran más duras de lo que pensaba. Los días que estaba muchas horas sentada me dolía el coxis…y si estaba mucho de pie me dolían las piernas…Me cogí la baja en la semana 35 y la verdad es que desde entonces me ha cambiado la vida. Si paso mala noche puedo dormir un rato más por la mañana o echarme la siesta, hago recados para preparar las cosas de la baby sin estrés, visitas al ginecólogo, analíticas, electrocardiogramas y demás citas médicas sin tener que hacer encaje de bolillos con reuniones, tengo tiempo para hacerme el maldito masaje perineal (espero que sirva para algo porque menudo rollo) …. y además puedo cuidarme y estar activa. Estas últimas semanas me he hinchado bastante: las manos las tengo como globos. Me duele cuando intento doblar los dedos, y lavarme los dientes o cumplimentar un formulario se han vuelto tareas complicadas. Los pies también los tengo hinchados, los dedos pequeños parece que van a estallar en cualquier momento y meterme en la piscina fría es el mayor de los placeres. Processed with VSCO with a6 preset

Processed with VSCO with a6 presetAun así, no he dejado de hacer vida normal, por lo menos yo, aunque esté incómoda, cuanto más me muevo, mejor me siento: andar (aunque sea despacio porque a veces me falta el aliento), hacer pilates, conducir…zuuuequipoProcessed with VSCO with a6 preset

 

También estoy más sensiblona, el vello me tarda más en salir (me depilé hace un mes y todavía no tengo ningún pelo en las piernas), sigo bastante despistada y la barriga me ha crecido a un ritmo desenfrenado.

 

 

Estos últimos días se me ha ido el hambre (lo único que me apetece comer es fruta y dulce) y ando con el estómago bastante revuelto.

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Mis bebés

En resumen: en mi experiencia el final del embarazo es un poco show. Soy consciente de que estos son ya los últimos días con Alejandra dentro de mí, después de 9 meses juntas (que se dice pronto)…y aunque es una experiencia que me ha gustado vivir, y por la que me siento agradecida, no creo que eche de menos el estar embarazada, ni la barriga, ni las pataditas, como le pasa a otras madres, la verdad. Siento que dar a luz debe ser una liberación.Processed with VSCO with a6 presetProcessed with VSCO with a6 presetA ti, mi pequeña Alejandra, decirte que te quiero infinito y aún no has nacido. Aunque me muero de ganas por verte, entiendo que vendrás a este mundo cuando te sientas preparada. Solo recordarte que este martes es el concierto de Shakira…te esperamos con los brazos abiertos, pero si es a partir del miércoles, mejor!q

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Canastilla para el hospital: ¡Qué no se te olvide nada!

Alejandra ya pesa 2,5 kg (yo alguno más) y todo sigue llevando su proceso natural. Así que he empezado a plantearme que cosas necesito llevar al hospital para sobrevivir esos días… En cada hospital te suelen dar un listado con lo necesario, pero en el caso del mío es bastante genérico, así que he pedido a mis amigas Letibabies, Checón y Sánchez que me ayuden a hacer el checklist, ya que ellas tienen experiencia reciente. ¡Gracias de nuevo amigas!

Lo primero y más básico: necesitas dos bolsas. Una para ti y otra para el bebé. Yo para Alejandra llevaré el bolso que he comprado para el carrito que tiene varios compartimentos y me parece cómodo y para mí una maleta normal.

Y una vez decido esto… ¿Qué hay que meter dentro?

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Bolsa para el bebé

  • 6-8 bodies de algodón. Van debajo de todo. Según la época del año llevar de manga larga o corta. En el listado de mi hospital no especifican, así que preguntaré o llevaré un poco de todo. Hay dos tipos de bodies, los que son totalmente de ropa interior, sin cuello, y los que tienen un cuello mono en plan camisa. Los que son como de ropa interior, básico que tengan los botones de abrochar por delante, muchísimo más prácticos, pero sobre todo que sean abiertos por abajo para cambiarle más fácil. Lo más barato es Primark y la calidad me dicen que no es mala. También hay en HyM y Marc and Spencer. En tiendas multi-marca me recomiendan marca Babidu.

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  • 3-4 modelitos de primera puesta. Me dicen que lo más cómodo es que tengan los pies unidos, porque si no constantemente pierden los patucos. Outfit más cómodo: polainas de algodón con body con cuello. Hay muchas tiendas que venden ropita de primera puesta mona, me recomiendan por ejemplo “La tortuga peques”, en Moncloa.ropa-polaina-punto-pino-tostado-minutus

 

  • 4 pijamitas de algodón, de manga larga y piernas cubiertas. Importante que se abran por la entrepierna para cambiarles el pañal por la noche sin molestarles mucho (no de los que se abren sólo por detrás).pelele-de-algodon--dos-colores--rosa-o-celeste--tallas-00-0-meses-6600-21340

 

  • 6 muselinas: son una especie de pañuelos que por lo visto sirven para todo: para envolver al bebé, a modo de mantita, para limpiarle las babas o para ponértela sobre el hombro por si vomita para que no te manche…Si el bebé nace en invierno o hay aire acondicionado en el hospital también puede ser útil llevar una toquilla para envolverlo.muselinas-bonjour-bebe-online-moda-bebes

 

  • Dou-dou o peluche: Checón (pediatra de profesión) no lo recomienda, ya que no se debe poner nada en la cuna del bebé para evitar ahogos.

 

  • Un gorrito de algodón y ¿unas manoplas? El gorrito está recomendado ponerlo las primeras 24h porque pierden calor por esa zona. Las manoplas se ponen para evitar que el bebé se arañe la carita, pero Checón dice que son arañazos tan finos que no dejan ninguna marca. No recomienda las manoplas, para no privar al bebé del sentido del tacto. El bebé necesita conocerse, saber dónde está su cara, explorar…

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    Leti me presta esta foto para que veáis el primer outfit de babyisabel con una hora de vida

 

  • Cuatro pares de calcetines o de patucos por si le pones algún pantalón o faldón que no lleve pies. Más prácticos los calcetines, porque se caen menos, pero que no aprieten. Hay en Primark, por ejemplo.pie-de-bebe-mano-madre-p

 

  • Pañales de talla 1 (de 2 a 5 kg).

 

  • Toallitas. Me recomiendan Carrefour pieles atópicas, sin alcohol, perfumes ni parabenos o Dodot.

 

  • Esponja

 

  • Productos de aseo del bebé: cremita para el culete (Eryplast), colonia y crema para el cuerpo.

 

  • Un chupete. Ojo: Si le vas a dar el pecho no debe coger el chupete hasta que la lactancia esté establecida, así que en ese caso igual ni llevar…

 

  • Un cambiador plastificado.

 

Bolsa/maleta para la madre:

 

  • Tres o cuatro camisones cómodos o pijamas, con botones en los tirantes o en el escote delantero, para poder dar el pecho de forma práctica. O leggins y camiseta. Lo que sea, pero que estés cómoda. En Primark, Woman Secret, Oysho…

 

  • Una bata

 

  • Zapatillas

 

  • Sujetadores de lactancia: de tela fina y que te sean cómodos. Hay en HyM y Prenatal.

 

  • Discos de lactancia: evitarán que se manche la ropa con Purelan o si se producen pérdidas de leche. Por ejemplo, marca Suavinex.

 

  • Crema para proteger los pezones de las temidas grietas (Purelan).

 

  • Braguitas de algodón que sujeten bien. A veces recomiendan que lleves de papel, pero las de Primark de algodón hacen bien la función. Si son bajitas por delante mejor, por si te hacen cesárea, que no te roce.

 

  • Neceser con todos tus productos de aseo personal

 

  • Neceser con algo de maquillaje. No hace falta que te pintes como si fueras de boda…lo básico para que te ayude a disimular la noche toledana que te ha dado el bebé (si te apetece).neceser-maquillaje-viaje-nabla-saint-tropez

 

  • Las vitaminas que has estado tomando durante el embarazo, en caso de que las tengas que seguir tondo en el postparto.

 

  • Un jabón especial para lavar la zona de los puntos, como Epixelle®, un par de veces al día durante los primeros quince días (preguntar en el hospital si hay que llevar o te dan ellos).

 

  • Algo de ropa cómoda para el día que vuelvas a casa.

 

  • Compresas de algodón hipoalergénicas, especiales del postparto.

 

  • Cargadores, cámara de fotos, ipad, libro/revista…

 

Pues creo que con esto hemos hecho un buen repaso de todo lo que llevar en la canastilla el día del parto al hospital. ¿¿¿Nos hemos olvidado algo??? ¿Algún consejo? ¡¡Cualquier sugerencia será bienvenida!!

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