Creatividad

Una vez me leyeron las manos. Fue en Londres, en el mercadillo de Camden. Iba con Inés e Isa, que había venido a pasar el fin de semana a mi casa. Hay cosas que con el tiempo se van olvidando, pero ese día lo recuerdo bien. Recuerdo que Inés nos dijo que esa persona, sin sexo definido, aunque en este texto hablaré de él como varón,  era un vidente conocido a nivel mundial. Y que sólo iba a estar una semana en Londres. Luego marcharía a otro lugar. Recuerdo que Isa y yo esperamos fuera del tenderete a que Inés conociese su futuro. Recuerdo el pensar si entrar yo también o no. Recuerdo decirme a mí misma que si no lo hacía me iba a quedar con las ganas. Recuerdo que a Isa le pasó lo mismo. Recuerdo que terminamos entrando las dos juntas. Me acuerdo de hacer de traductora entre Isa y el vidente. Y recuerdo que él a mí me dijo tres cosas. Os cuento dos y la tercera me la quedo para mí.  La primera, que me veía a corto plazo en un país tropical, en el que iba a pasar mucho calor y en el que iba a vivir una experiencia que nunca olvidaría. Recuerdo no tener ni idea de que me estaba hablando. Y recuerdo que a los pocos meses organicé mi viaje a India. Recuerdo que también me dijo que tenía un trabajo que no daba lugar a que potenciase mi creatividad. Y que para sentirme mejor, tenía que sacar eso en algún ámbito de mi vida. Escribiendo, dibujando, bailando…recuerdo empezar a hacer retratos a amigos y familiares y recuerdo durar haciendo esto dos semanas y dejarlo, porque se me daba realmente mal.

¿Y por qué os cuento esto? Pues porque creo que es importante identificar que te hace feliz. Y hacerlo. Independientemente de que se te dé mejor o peor. Si te hace feliz, hazlo. Porque la felicidad se contagia. Y que tú seas feliz es bueno para los que te rodean. Y por descontado, es bueno para ti. Cuando doy rienda suelta a mi creatividad me siento viva. Y libre. Como cuando bailo sin que nada me importe , cuando escribo sin pensar si va a gustar o no, cuando cambio las cosas de sitio y me creo decoradora, cuando canto como si no hubiese mañana, cuando cocino sin prisas o cuando me invento cualquier excusa para invitar a amigos a casa y prepraro algo rico.

Y un ejemplo de esto es una merienda-cena que hice por mi cumple (un mes después, todo sea dicho). A excepción del jamón, queso, panes, emapanada, fresas y chuches, el resto lo cociné yo. Para la tarta de zanahoria conté con la inestimable ayuda de mi hermana. Es la tercera vez que la hacemos juntas y hemos alcanzado el culmen de la perfección. ¿Que hay que echar o esencia de vainilla o canela…? Pues nosotras echamos de las dos y de forma generosa. Y lo mismo con la crema, que haya en abundundancia. Las cookies las hice con la receta e ingredientes que me mandaron de foodinthebox (más cómodo y más rico no puede ser). Todo de picoteo a modo buffet, como ya hice en esta otra ocasión, para evitar estar yendo y viniendo de la cocina y perderme los últimos cotilleos. De las cosas que más me divierten es decorar la mesa para que quede moni. Este fue el resultado.

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“La creatividad no es una curiosidad o un artículo de lujo, sino un camino para una vida plena, para lograr la felicidad personal, la higiene social y el progreso en todos los campos”

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