A mi abuelo.

Dicen que hay veces que los genes se saltan una generación. Y que por esto es frecuente que los nietos se perezcan a los abuelos.

Abuelo, yo creo que esto entre tú y yo se ha cumplido. Y bastante.

Me he parecido a ti en la afición por viajar, por las aceitunas, por dormir y por acostarnos tarde. También he heredado de ti el pelo encrespado, los morros prominentes, las piernas delgadas y que nos haga mucha gracia (en ocasiones, excesiva) molestar, o como dirías tú, hacer la puñeta al de al lado. No fuiste tan generoso sin embargo, transmitiendo tu sentido de la orientación, tu capacidad autodidacta y la facilidad para aprender idiomas, pero quizás, si me pongo a ello, con el tiempo consiga desarrollar estas virtudes que tanto he admirado de ti.

A parte de los parecidos razonables, también he estado pensando en todas las cosas que me has enseñado en estos 30 años que hemos estado juntos. Las he ido enumerando mentalmente y la verdad que son muchas. Espero haber sido lo suficientemente agradecida por todas ellas. Por si acaso te doy las gracias de nuevo y así me quedo más a gusto.  Gracias por haber sido mi primer entrenador de ping-pong. Orgulloso estarías seguro si supieras los últimos éxitos que he cosechado en este deporte. Gracias por tus libros, por colaborar a que me aficionase a la lectura con “Los Cinco”, y por regalarme  “Tarzán de los Monos”, mi primer libro de mayores. Lo guardo en mi estantería como un tesoro. Gracias por haberme enseñado a conducir. Una pena que nuestras clases se truncasen el día que aquel policía nos multó porque yo conducía sin carnet. Años después, cuando la memoria empezaba a traicionarte, seguías preguntado si me había llegado la multa y cuanto había costado. Nunca me dejaron confesar que llegó, sí. La pagó mi padre. ¡No te preocupes (no pocupes, como te decía yo cuando era pequeña), que como luego aprobé el examen a la primera, quedó compensada una cosa con otra! Gracias también por ensañarme a hacer jeroglíficos, a tocar “La Lambada” en el piano, a jugar al billar y a la pera madura. Por cierto, creo que nunca te dije que no me gustaba nada lo de la pera madura. Eso de estar los primos colgados de la rama de un árbol a ver quién aguantaba más sin caerse no me hacía mucha gracia, porque no resistía mucho y caía siempre al principio. Prefería mil veces jugar al tesoro escondido, buscando tus pistas por toda la casa hasta encontrar los regalos que había comprado la abuela. Gracias por diseñar y construir un hogar en el que todo el mundo tenía cabida. Ese jardín, esa piscina, esa librería y la planta de abajo con mesa de ping pong incluida, han hecho que vuestra casa me pareciese la más bonita y especial del mundo.  Gracias también por las excursiones a Rascafría, por las visitas a los ponys y por cargar con las zanahorias para que les diéramos de comer. Gracias por tu generosidad, por los aguinaldos y por los viajes a esquiar. Gracias por haberme hecho sentir que siempre estarías para lo que pudiese necesitar, por las sonrisas, las historias, los consejos y recomendaciones. Gracias por escucharme con interés y dedicarme tu tiempo. Gracias por ese amor incondicional.

Estos años me has seguido enseñando, aunque quizás tú no fueras consciente. Me has enseñado que el Alzheimer no distingue, y se lleva por delante a gente con un corazón de oro. Como el tuyo. Que el peaje de la edad no siempre es bonito. Que las batallas más difíciles son para los mejores. Y que hay que aprovechar el presente, porque el mañana es incierto.

Abuelo, quiero decirte que aunque tu viaje en este mundo haya terminado, yo te guardaré así en mi memoria y te recordaré como un abuelo excepcional, divertido y generoso. No todo el mundo tiene la suerte infinita de haber tenido unos abuelos como vosotros. Y yo doy gracias al universo por ello.

Espero que ahora estés lleno de amor, tranquilidad y paz y que seas eternamente feliz.

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6 respuestas a A mi abuelo.

  1. Edu dijo:

    😢😢😢😢😢😢un beso gordo Paula……q grande😢😢😢😢

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  2. M Jesus dijo:

    Precioso paula. Comparto tus sentimientos.

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  3. elena dijo:

    tu abuelo tiene que sentirse orgulloso de ti,allá en el cielo,besos,Elena

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