Lo bueno y lo malo de tener hermanos

Tener hermanos está bien para muchas cosas; por ejemplo, en una noche en la que te lías más de lo previsto y cuando llegas a casa más borracho que una almeja, te das cuenta de que no tienes llaves. Mucho mejor despertar a algún hermano para que te abra la puerta que tener que llamar a tus padres por teléfono y recibir el consecuente sermón que te esperaría en tal caso.

Los hermanos son también bastante útiles para tener a alguien siempre a mano para jugar al ping-pong, al pádel, a las palas, al vóley playa, al pádel-playa (modalidad que hemos inventado este verano de jugar a las palas con raquetas de pádel), a las cartas, para comparar el moreno de los brazos, hacer natación sincronizada o para tener a alguien a quien molestar en caso de que estés aburrido.

Con los hermanos puedes compartir aficiones difícilmente entendibles por el resto de la humanidad, lo cual te hace sentir que pertenecéis a un universo paralelo. ¿A quién le parece un planazo ver episodios de Factor-X emitidos desde cualquier país, pero si son de Reino Unido o EEUU mejor, e imitar a los jueces y concursantes? A mí y a mis hermanos, no. Era sólo un supuesto.

Con los hermanos hay ese grado de confianza para hacer cosas absurdas que con otras personas no te atreverías ni por todo el oro del mundo. Por ejemplo, otro supuesto: ponerte un body, tacones y bailar “Single ladies” de Beyonce con tu hermana pequeña, mientras le dices a tu hermano que os grabe en vídeo para que podáis visualizar qué tal lo hacéis. Con 31 años.

Tener hermanos sirve para que las discusiones con tus padres sean más llevaderas.

Para que te defiendan. Para que te acusen.

Para pelearte por el mando de la tele.

Para que te comparen.

Para que te enseñen qué es Snapchat y que te sientas rejuvenecida aprendiendo novedades de internet.

Para sentirte mayor dando consejos laborales.

Son personas con las que poner una nota de humor a situaciones incómodas o a días de hospital.

Con quien compartir la reticencia a acostarte, de causa genética, producida por un aumento de energía a última hora del día. Con quien aprovechar esto para tener reuniones nocturnas en la cocina y contar anécdotas sobre la familia común en la que os ha tocado vivir, reírte y ver series o programas ridículos de madrugada en la tele.

Tener hermanos te enseña muchas cosas, como por ejemplo estar alerta cuando tienes que compartir habitación de hotel con ellos. La experiencia te dice que a alguno le va a tocar la cama supletoria. Entrar corriendo por la puerta como si te hubieras reencarnado en Usain Bolt y tirarte en plancha sobre la primera cama decente que ves fomenta tu capacidad de reacción. Y si te toca la supletoria (porque no se puede ganar siempre), está bien también para desarrollar tus habilidades de negociación e intentar convencerles de que lo suyo sería madurar y que de los seis días de hotel cada uno duerma dos en la supletoria.

Este mismo proceso es aplicable para no ir en el medio en el coche nunca, pero sobre todo si se trata de viajes largos.

También aprendes a desarrollar tu paciencia cuando alguno se mete en tu habitación cuando no tienes ganas de compañía.

O cuando te roban el agua caliente de la ducha a las siete de la mañana.

O cuando se comen el ultimo trozo de bollo antes de que tu llegues a casa y te dejan el envoltorio vacío en el cajón, en plan: dentro de este papel había un rico bollito de chocolate el cual yo he degustado y tu no.

O cuando se beben el ultimo vaso de leche fría y dejan el brick vacío en la nevera de adorno.

Tener hermanos es genial para tener una mayor cantidad de ropa. Pero por supuesto este tema genera tantos beneficios como conflictos, que pueden terminar en acusaciones de todo tipo, tirones de pelo e insultos.

Con los hermanos puedes inventar canciones. Cantarlas. Bailarlas. En el coche. En donde sea.

Los hermanos te ayudan a hacer tarta de zanahoria o pollo al curry. Y si hay que tirar el coco por la ventana porque no hay manera de abrirlo de forma civilizada, pues se tira.

Son tus amigos. Y tus enemigos.

Hacen que te de la risa floja en el momento menos adecuado

Despiertan lo mejor y lo peor de tí, en el curso del mismo día.

Compartes con ellos la Coca-Cola.

Ideas maldades y les animas a que las ejecuten ellos.

Te dan su opinión sincera sobre el blog. Y, sobre todo. Aunque no se la pidas.

Te despiertan justo antes de que se acabe el desayuno del hotel y te dejan colarte en la cola del buffet.

Te abren puertas o se las abres.

Y sabes que pase lo que pase estarán ahí, para todo.

(Foto sacada con 21 años de diferencia e igual fotógrafo…) 

Este post va dedicado a mis hermanos Chipi y Pichu, sin los que mi vida no hubiera sido la misma.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Reflexiones y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s